Enrique Dans
Se ha convertido ya en una
verdad a gritos: las leyes actuales que definen y gobiernan la propiedad
intelectual se han convertido en algo inútil, absurdo, causante de flagrantes
incoherencias, incompatible con el progreso y responsable de todo tipo de
problemas, que van desde injustas sanciones a inocentes hasta la muerte de
miles de personas.
La propiedad intelectual en su acepción actual es la gran
piedra, el gran escollo en el medio del panorama del progreso. El nivel de
hipocresía necesario para defender a día de hoy la propiedad intelectual tal y
como fue concebida en la era anterior al desarrollo de la sociedad de la
información es ya tan elevado, que únicamente aquellos que se benefician de la
misma se atreven a sostenerlo sin que se les caiga la cara de vergüenza.
A día de hoy, la propiedad intelectual ya no
sirve para justificar un incentivo a los creadores: sus creaciones, que sin
excepción, se asientan en las de muchos otros anteriores formando parte de un
producto social, no reciben la protección que demandan en un mundo en el que
los bits circulan libremente sin restricción posible. Ni siquiera la doctrina
Sarkozy, que pisotea algo tan básico en los países civilizados como el derecho
a la privacidad de las comunicaciones, consigue parar lo que es por naturaleza
imparable.
Cuando el avance de la tecnología desequilibra de manera permanente
la ecuación, la idea de promover el desarrollo de nuevas ideas restringiendo la
libertad de otros para utilizarlas se convierte simplemente en un
contrasentido, en algo que ya no beneficia a quien supuestamente tenía que
beneficiar, ni incentiva los fines que debía incentivar. Algo que, por
universal y asentado que parezca, por muchos convenios internacionales que
invoque, resulta completamente absurdo y cómplice intentar mantener.
La noción actual de propiedad intelectual
resulta más ridícula cada día que pasa, con cada noticia que lees: persecuciones
dignas de la Santa Inquisición, largas
manos de turbios personajes que convierten en ilegal lo que hasta entonces era
comportamiento general y aceptado, subterfugios
legales constantes para intentar mantener vivo al zombie, juegos
sucios para subvertir la voluntad popular y legislar en contra de sus intereses…
Mires donde mires, todo forma parte de la misma gran mentira, impulsada
únicamente por sus beneficiarios y sostenida por la complicidad de unos
políticos que no saben y que no quieren ver más allá.
Un reciente informe, “Toward
a New Era of Intellectual Property: from Confrontation to Negotiation“,
subraya la imperiosa necesidad de redefinir los términos de la propiedad
intelectual para adaptarlos a los tiempos en que vivimos. Una alternativa a
quienes, directamente, abogan
por su directa abolición. Voces que, sin duda, habrá que escuchar y tener
en cuenta en un debate que aparece como una tarea imposible, por los
importantísimos intereses económicos que lo impiden y la magnitud del consenso
que sería preciso alcanzar para el mismo. Sin embargo, una cosa es clara:
empeñarse en defender las teorías clásicas no nos lleva a ningún sitio, más que
al sinsentido, al beneficio de unos pocos interesados y al perjuicio del
progreso en general.
http://www.enriquedans.com/2008/09/la-propiedad-intelectual-debe-ser-redefinida.html