Entrevista a François Houtart
Eduardo Tamayo G. Helga Serrano Narváez
Que el debate
sobre socialismo se haya reinstalado en América Latina, tras los oscuros años
de políticas y prácticas neoliberales, es un hecho positivo y alentador. Pero
ahora el proyecto socialista, que ha sido puesto en primer plano por los
gobiernos progresistas de Venezuela, Ecuador o Bolivia, tiene necesariamente que
ajustar cuentas con el denominado socialismo real del siglo XX, sacar lecciones
y proponer nuevos paradigmas que enrumben la aspiraciones de cambio hacia la
construcción de sociedades más democráticas, equitativas, interculturales y
respetuosas del medio ambiente.
El escritor y
sociólogo belga François Houtart, Secretario del Foro Mundial de Alternativas,
desde hace varios años viene aportando al campo del pensamiento crítico y a la
construcción de propuestas y alternativas. En este diálogo, responde a interrogantes
de actualidad que tienen que ver con las características fundamentales del
socialismo del siglo XXI, el rol del Estado, la propiedad, el Estado
plurinacional, la posición de Estados Unidos, el papel de los movimientos
sociales y de los ciudadanos y ciudadanas.
-
En América Latina, en el contexto de lo que algunos
analistas llaman el posneoliberalismo y otros el poscapitalismo, ¿cómo ubica
usted al socialismo del siglo XXI?
Si se puede dar
algunas ideas generales, es que cuando hablamos del socialismo del siglo XXI,
significa primero que, evidentemente, no es el socialismo del siglo XX. Sin
olvidar los logros que se obtuvieron, hay que reflexionar también sobre los
fracasos y errores. Pero fundamentalmente significa la búsqueda de otra organización
de la economía y de la organización política del mundo en relación a la lógica
del capitalismo, y eso me parece lo esencial. El capitalismo organiza toda la
vida económica sobre un principio fundamental que es la ley del valor, es
decir, la ley de la acumulación y todo lo que no contribuye a la acumulación no
entra dentro de sus cálculos. Y es por eso que se ha podido explotar la Tierra
durante tanto tiempo con resultados dramáticos, porque hasta un cierto momento,
todo eso era para el capitalismo una exterioridad, lo que llaman
externalidades, es decir, que no entra en el cálculo económico. Asimismo, el
bienestar de la gente entra en el cálculo económico y del mercado, solamente
como ganancia y posibilidad de acumulación. Esta lógica es lo que ha provocado
la destrucción de la naturaleza y la destrucción social de millones de
personas.
Ahora vemos que
hay interés, por ejemplo, en el problema del clima. Este empieza a entrar en la
lógica del capitalismo cuando afecta a la acumulación, y entra en consideración
a condición de poder transformar sus propias contradicciones en ganancias.
- ¿Esto
implicaría que el socialismo del siglo XXI tiene que ser fundamentalmente
anticapitalista?
Exacto, porque uno
de los defectos del socialismo del siglo XX, es, como lo ha dicho el
antropólogo francés Maurice Godelier, que ha tenido que empezar a caminar con
las piernas del capitalismo. No ha podido o no ha sabido cambiar. Por ejemplo,
toda esta perspectiva cientista de la explotación de la naturaleza ha provocado
tantos daños a la naturaleza como el capitalismo, porque justamente no se ha
distanciado de este tipo de lógica.
Salir de la lógica
del capitalismo significa básicamente privilegiar las necesidades humanas y no
la ganancia, es decir, no transformar toda la realidad en mercancía porque si
no son mercancías no contribuyen a la acumulación del capital como se hecho con
la privatización de los servicios públicos, con la destrucción de la
agricultura campesina, etc.
Así, es una tarea
fundamental luchar no solamente contra los abusos o excesos del capitalismo o
contra, como dice la doctrina social de la Iglesia, el capitalismo salvaje,
como si existiera un capitalismo civilizado. Siempre digo que el capitalismo es
salvaje cuando puede, y “civilizado” cuando debe, es decir, cuando hubo
bastantes fuerzas sociales para obligarlo a transformar un poco sus prácticas,
pero no su lógica. Y es por eso que debemos, en una perspectiva de un
socialismo del siglo XXI o de un poscapitalismo, mejor dicho que
posneoliberalismo -porque el neoliberalismo es solamente la fase actual del
capitalismo-, tener como principio orientador pensar justamente en superar esta
lógica. Y eso me parece la obligación moral fundamental, porque el capitalismo
está llevando a la humanidad a la muerte.
- En
América Latina ¿cuáles gobiernos progresistas estarían en esta óptica
anticapitalista?
Aquí en América
Latina, vemos a Cuba, y a los países con perspectivas nuevas como Venezuela,
Ecuador y Bolivia, y algunos movimientos de izquierda radical critican a los
regímenes diciendo que no acaban con el capitalismo, pero eso es una falta de
pensamiento dialéctico. No se puede acabar con el capitalismo de forma directa.
Todo el problema es saber si las políticas concretas que tienen, van en la
dirección de contradecir, a largo plazo, la lógica del capitalismo o no, o si
son solamente adaptaciones. Y aquí el ejemplo ALBA (Alternativa Bolivariana
para las Américas). ALBA me parece un ejemplo muy interesante de construir una
integración económica, social, cultural, no sobre la base de la competencia, de
la competitividad que es algo fundamental del capitalismo, sino sobre la base
de complementariedad y solidaridad. Y eso es un paso adelante.
- Si bien
este proceso es muy largo, en la actual fase cuáles son las tareas, los rasgos
para continuar ....
Podemos ver la
recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales. No es el fin del
capitalismo, todavía se deben hacer contratos con empresas petroleras, etc.,
pero es un paso indispensable. Sí son, como decía Samir Amín, avances
revolucionarios, pero no son el fin del sistema. Y, evidentemente, la tarea de
los movimientos sociales es de vigilar el proceso para que finalmente no caigan
en el reformismo, no solamente en el hecho que se deben hacer pequeños pasos, sino
en la mentalidad del reformismo, que es finalmente aceptar la ley del mercado,
para tratar de humanizarlo.
Es importante ver
también que eso es la utopía, es decir la meta, pero sabemos que eso no va a
ocurrir solamente por una revolución ni política, ni social, ni económica. Es
un proceso y es un proceso que puede ser largo. Sabemos que eso significa
transformar todo un modo de producción con todas las dificultades y complejidad
de nuestra sociedad actual. Recordemos que el capitalismo ha tomado cuatro
siglos para construir las bases materiales de su reproducción. No podemos
esperar que el socialismo se vaya a realizar con una revolución de un día, ni
en una generación. Pero si no empezamos sobre esta base, vamos a hacer algunas
cosas, obtener algunos logros, pero nunca van a poner en peligro la lógica
fundamental del capitalismo, porque el capitalismo tiene una habilidad y una
facultad extraordinaria de adaptación, de saber hasta donde puede ir, hasta
donde eso pone en peligro o no su posibilidad de acumulación.
- Ahora lo
otro que queríamos tocar es cuáles pueden ser las características del
socialismo del siglo XXI, tomando en cuanto que el presidente Rafael Correa
plantea la supremacía del trabajo humano sobre el capital, la acción colectiva
para el desarrollo, en oposición al capitalismo que prioriza la competencia y
al individuo, recuperar un rol del Estado que ha sido desmontado por el
neoliberalismo y priorizar el valor de uso sobre el valor de cambio. Podría
ampliar sobre estos aspectos…
Para dar claridad
al pensamiento, en este ensayo de dar un contenido a las palabras “socialismo
del siglo XXI”, tendríamos que distinguir dos cosas: los ejes fundamentales del
contenido y los métodos de la transición. Yo pondría, por ejemplo, todo el
problema de la acción colectiva dentro de los métodos de cómo llegar, que es
fundamental especialmente para los que están en la política.
Y desde el punto
de vista del contenido, tratar de desarrollar un poco la idea de estos cuatro
ejes. Primero, la utilización sustentable de la naturaleza, de los recursos
naturales y un control público, especialmente de los no renovables. Esto una
transformación enorme, es decir, cómo transformar el tipo y la orientación de
las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, pasar de la explotación
a la simbiosis, lo que es totalmente contrario a la lógica del capitalismo.
Pero es un dominio donde el socialismo del siglo XX ha sido muy deficiente y
donde filosofías del Oriente, o filosofía tradicionales, por ejemplo de los pueblos
indígenas, pueden ser útiles. Expresiones como la Pacha Mama que pueden ser muy
míticas, pero que tienen una fuerza muy grande y ponen el acento sobre una cosa
fundamental, son críticas del capitalismo. El ser humano es parte de la
naturaleza y no puede tratar la naturaleza solamente como un objeto de
explotación.
Segundo, es, lo
que decía precisamente Rafael, privilegiar el valor de uso sobre el valor de
cambio.
- Eso
quisiéramos que desarrolle un poco más para poder entenderlo.
El valor de cambio
es el valor que productos y servicios tienen cuando se venden y el capitalismo
reconoce únicamente eso, porque sin vender no puede ganar y no puede acumular.
El valor de uso es
lo que sirve al bienestar de los seres humanos y evidentemente antes del
capitalismo hubo situaciones donde los dos podían coexistir. No vamos a negar
que es interesante para la vida humana que uno puede producir maíz y el otro
producir naranjas y que se pueden intercambiar. Evidentemente no es trata de
negar el valor de cambio, sino la negación del hecho que el valor de cambio sea
el valor que se impone como lógica global.
Si hacemos eso hay
un montón de implicaciones. Por ejemplo, se va a alargar la vida de los
productos. Ahora el capital tiene, en la lógica contemporánea, ventaja a que
los productos no tengan una vida demasiado larga, porque así la gente debe
comprar y circula el capital de manera acelerada. ¿Por qué no construir carros,
aunque no es el mejor ejemplo, que duren 25 años y no solamente 10? Es
perfectamente posible, eso podría ahorrar mucha materia prima, mucha energía,
etc. Lo mismo para todas las producciones.
Otra aplicación es
que en el mundo industrial ahora, el neoliberalismo ha acelerado el proceso de
lo que llaman just in time, es decir, de no almacenar piezas, sino que
los camiones transporten inmediatamente el mismo día cuando son fabricadas, lo
que significa en Europa una paralización de todo el tráfico de las autopistas y
retrasos, consumo de gasolina, etc. Se requiere otra organización de la
producción en función del valor de uso y no del valor de cambio.
-
¿Implicaría satisfacer necesidades sociales antes que las del mercado?
Exactamente,
significa también parar las privatizaciones. Significa concebir a los sectores
esenciales de la vida humana como patrimonio colectivo: la salud, la educación,
la cultura, pero también las semillas. Eso ha cambiado mucho, así es un aspecto
muy práctico, muy concreto.
Evidentemente ya
el socialismo real ha ido en esta dirección, pero con muchas limitaciones,
especialmente porque consideró demasiado el modelo como una acumulación
capitalista colectiva del Estado, como sustento de toda la acumulación y
necesaria también para producir armamento, frente al armamento del mundo
capitalista, que obligó al mundo socialista a sobrearmarse, que era la mejor
manera de destruir el sistema por el interior. Fue uno de los elementos del
fracaso en Oriente, no el único porque había elementos internos también.
La tercera
orientación me parece que es la democracia. Una democracia generalizada a todas
las relaciones humanas, no solamente políticas, sino económicas, de género,
democracia en las instituciones. Una democracia generalizada es totalmente
contraria a la lógica del capitalismo, porque no hay nada menos democrático que
la gestión de capital. Este elemento fue muy flojo en el socialismo real,
porque se desarrolló una burocracia y finalmente una elite de poder que,
finalmente, destruyó en gran parte la democracia, es decir, la participación
real de todos.
En cuarto lugar,
la multiculturalidad, lo que significa el fin del dominio de la cultura
occidental como cultura superior que debe dominar el mundo, con sus
mentalidades, sus criterios políticos, económicos, culturales, etc. y la
posibilidad (de que emerjan) todas las culturas del mundo, todos los saberes,
los saberes tradicionales de la medicina.
- Se trata
de ponerlos en el mismo nivel…
Por lo menos
darles la posibilidad de existir. Ahora en Cuba es interesante saber que tienen
varios grupos que están estudiando y promoviendo las medicinas tradicionales,
tanto orientales como latinoamericanas. Se descubre ahora que hay una riqueza
de saber que complementa muy bien los otros saberes, no se trata de negar los
logros de la modernidad, sino no absolutizar estos logros que han convocado la
lógica del capitalismo. Y de esta manera dar la posibilidad a todos los
saberes, a todas las ideologías, a todas las religiones, de contribuir a la
construcción de este tipo de sociedad. Contribuir significa, por ejemplo, que
no se aceptan religiones que rechazarían la igualdad entre hombres y mujeres. Y
eso significa como principio la laicidad del Estado, porque es la única manera
de asegurar también la multiculturalidad.
- A
propósito de la multiculturalidad o más bien de la interculturalidad, hay un debate
muy rico y muy controvertido en Ecuador y en Bolivia sobre el Estado
plurinacional. ¿Qué criterios tiene usted? ¿Es posible implementar un Estado
plurinacional en estos países?
Yo pienso que hay
dos cosas aquí. Una cosa es la palabra, qué significa plurinacional para el
Estado actual, qué significa la construcción de este Estado en países como
Ecuador y en muchas otras partes. Talvez es difícil aceptar la idea de un
Estado plurinacional. Bueno, eso es un problema de palabras pero la realidad de
cualquier palabra que se pone sobre la realidad, es que para construir una
multiculturalidad se les debe dar la posibilidad a todas las culturas de
expresarse. Y eso no es solamente un aspecto cultural, un aspecto material
ligado, en algunas circunstancias, a un territorio. Es posible eso, pero todo
dependiendo de las circunstancias concretas de un país. Y si eso significa que
debemos reconocer en América Latina la existencia de una identidad indígena,
para que estas poblaciones puedan contribuir a la filosofía de la relación con
la naturaleza, a la multiculturalidad en todos sus aspectos. Debemos reconocer
esta identidad, pero esta identidad no es una cosa abstracta.
¿Qué significa la
identidad en lo concreto?, ¿Qué significa desde un punto de vista institucional,
desde un punto de vista eventualmente territorial? Hay un montón de cosas
prácticas que se deben discutir lo que no pone en cuestión la unidad nacional.
Por ejemplo,
cuando estuve en diciembre en Chiapas con los zapatistas, en los Caracoles, me
llamó mucho la atención que cada vez que visitaba los municipios autónomos, fui
recibido por las autoridades y la primera cosa que había, era la bandera
mexicana. Así afirmaban su pertenencia a la nación mexicana, pero,
evidentemente reivindican un reconocimiento, no solamente como personas
individuales, sino como grupo. Yo pienso que eso es imparable porque si no se
hace un día va a explotar, lo hemos visto en Nicaragua, lo vemos en México.
Yo sé que es un
problema difícil, que es un problema que no se puede poner en términos de
naciones en el mismo sentido que las naciones que son fruto de la evolución de
la modernidad y también del capitalismo, son realidades diferentes, es por eso
que, tal vez dar el mismo nombre a dos realidades diferentes puede ayudar a la
confusión y a reacciones políticas.
- Para ir
superando y rompiendo con el capitalismo, hay que considerar otras formas de
propiedad. Aquí en Ecuador, por ejemplo, se está manejando el concepto de un
país de productores y propietarios. ¿Qué opina al respecto?
El problema de la
propiedad es fundamental. Como principio para permitir el valor de uso y no
desarrollar de manera extrema el valor de cambio y también es un medio, medio
de la transición.
Yo pienso que eso
significa poner el acento sobre el carácter colectivo de los medios de
producción, no digo por ejemplo de la casa, de su motocicleta, etc., sino de
los medios de producción, pero cuando se dice propiedad colectiva de los medios
de producción no significa únicamente del Estado. Hay muchas otras formas de
propiedad colectiva, de control colectivo sobre la propiedad.
Por ejemplo, me
acuerdo bien en Cochabamba cuando se resistió, se protestó contra la
privatización del agua. Finalmente el gobierno con el nuevo presidente tuvo que
aceptar y romper el contrato con las multinacionales. La solución no fue
nacionalizar el agua, sino de confiar la gestión del agua a una empresa
pública. Esa es una manera de realizar una propiedad colectiva, no es un medio
de producción, pero se puede aplicar.
- En
cooperativas….
No es fácil,
porque hasta ahora muchas de estas formas finalmente están fracasando o tienen
éxito si se quedan a pequeña escala. Una vez que empiezan a ser más grandes,
son destruidas por el sistema o absorbidas y se transforman en otra empresa
capitalista. En Bélgica por ejemplo, las cooperativas agrícolas fundadas a
principios del siglo XX, ahora son uno de los pilares de la economía
capitalista.
- Y en
esto de la propiedad, uno de los problemas es la propiedad de la tierra. En
Venezuela y Bolivia se ha limitado constitucionalmente el número de hectáreas
que una persona puede poseer. En Bolivia la nueva Constitución fija este límite
en 10.000 hectáreas y eso es un asunto que está causando la reacción de la
gente de Santa Cruz. ¿Usted cree que en Ecuador también se tiene que limitar el
número de hectáreas que una persona puede poseer?
Absolutamente,
porque todo el sistema del latifundio promueve la ganadera extensiva o el
monocultivo, muy negativo para los suelos, no solamente de los propietarios individuales
sino también de las multinacionales. Si no se toma medidas, que pueden ser
eventualmente progresivas en este dominio, no avanzamos hacia un socialismo del
siglo XXI. Es uno de los puntos fundamentales y no podemos aceptar que personas
individuales puedan disponer de tantas extensiones, porque eso viene de un modo
de producción antiguo, feudal, pero ya eso desaparece poco a poco para
transformarse en una producción de tipo capitalista, y es la base del
capitalismo agrario. Es un aspecto que me parece muy fundamental. Ahora, cuáles
medidas adoptar, cómo y cuando hacer la transición, son problemas críticos. Aún
para el desarrollo capitalista en países como en Corea del Sur, en Japón, en
Taiwán y antes en Europa, se han hecho reformas agrarias justamente para
promover la propiedad individual productiva. Eso me parece en algunas partes de
América Latina un primer paso, que se limite la posibilidad de tener propiedad
agrícola a la propiedad que se produce, y que se nacionaliza todo el resto.
Pero solamente puede ser un primer paso.
- ¿Cuál es
el rol del Estado en la perspectiva del socialismo del siglo XXI?
Y por eso es muy
importante lo que plantea Rafael Correa. Evidentemente, en una perspectiva
marxista, el Estado debe desaparecer, pero eso es la utopía, es decir, el
Estado como aparato burocrático que domina la gente, no el Estado como
servicios colectivos organizados.
Mientras tanto,
pienso que debemos definir, desde un punto de vista teórico, cuál es el lugar
del Estado, dentro de estos cinco ejes que he tratado de proponer no lo he
pensado todavía y es un problema que debemos profundizar.
Y el otro aspecto
es el Estado como instrumento para promover estas direcciones y allá debemos
ir, porque eso es una cosa muy concreta e inmediata. El Estado va a tener, no
de manera exclusiva, pero de manera importante, la tarea de poner en marcha los
mecanismos que pueden llevar a otra relación con la naturaleza. Por ejemplo,
frente a todo el problema de los agrocombustibles, qué política vamos a tener.
Estoy preparando un libro con el título “Los agrocombustibles, solución
climática o evolución del capital”, porque la manera como se hace ahora es
para reproducir el capital y no es para resolver el problema del clima. Eso no
quiere decir que no haya la posibilidad también de tener fuentes de energía en
la agricultura, pero no como lo pensamos actualmente. Eso es una decisión del
Estado que va a decir si va a subsidiar la producción de etanol. Lo mismo para
el valor de uso y el valor de cambio, son nuevas reglas de la economía. Lo
mismo para la multiculturalidad, qué tipo de medidas va a tomar para
reconocerla, hasta qué punto la multinacionalidad, etc.
-¿Qué
importancia tiene la soberanía y la integración latinoamericana en el contexto
mundial? ¿Afecta eso al mundo unipolar?
Dentro de la
visión global, la unipolaridad es el instrumento fundamental ahora de la
dominación del capital, porque eso da la posibilidad a las multinacionales de
orientar finalmente la economía. Crear multipolaridad es un hecho muy importante
y por eso una integración latinoamericana, aún dentro de una orientación
interna capitalista, ya es un paso adelante, ya el MERCOSUR era un paso
adelante, pero que fue muy limitado evidentemente.
La integración
latinoamericana con otros principios como el ALBA, tal vez el Banco del Sur,
etc., eso es todavía un paso más adelante y es muy importante para el resto del
mundo. Por eso es que en África se interesan tanto en lo que esta pasando aquí,
porque todavía esta lejos evidentemente de este proceso. Pero los que piensan y
los que tienen otro proyecto se interesan mucho, porque si se hace en América
Latina (ellos dicen), porque no podemos hacer lo mismo.
- En
términos fácticos, uno de los principales obstáculos para el proyecto del
socialismo del siglo XXI es la potencia del Norte. ¿Usted cree que Estados
Unidos va a permitir este proyecto?
Evidentemente no,
porque eso contradice completamente sus intereses. Pueden eventualmente
adaptarse de manera pragmática a la situación. Por ejemplo, con la Unión Soviética
hubo un momento de coexistencia pacífica donde hubo bastantes intercambios
económicos, de hecho de los dos lados, pero si se construye una relación de
fuerzas más grande entre el sur y el norte, ya el norte no va a poder hacer
todo lo que quiere.
Por ejemplo, me
parece muy difícil que los Estados Unidos hagan una guerra en América Latina,
por muchas razones internacionales e internas de los Estados Unidos. No
invadieron Cuba hasta ahora es talvez porque piensan que el costo de una
invasión sería demasiado grande y que el público norteamericano no aceptaría.
Así, la relación
de fuerzas es un aspecto muy importante. Relación de fuerza no solamente
militar, sino político, social, cultural, etc. No podemos esperar que no vayan
a reaccionar. Van a reaccionar. Van a hacer todo lo posible para que fracase el
proyecto absolutamente. Van también a cooptar gente para que fracase y hay
gente que está lista para aceptarlo. Va a ser una lucha interna, ya lo vemos en
Bolivia, en Venezuela, y de hecho es una lucha de clases finalmente, definiendo
las clases de manera diferente que al principio de la industrialización. La
realidad sociológica es diferente, pero de hecho es una lucha de clases.
- En el
caso de Bolivia, hay mucha relación del gobierno con los movimientos sociales.
En Ecuador, la situación es un poco diferente y tenemos el planteamiento de la
revolución ciudadana. Como lo explicó usted antes, el rol de los actores
sociales, de los movimientos sociales, es muy importante en el proceso de
democratización, pero en Ecuador se da la lógica de pensar que cada ciudadano
se representa. ¿Cómo ve usted esta situación?
Bueno, pienso que
ahí hay una concepción de la sociedad que está en juego. La concepción que ve
la sociedad como el conjunto de los ciudadanos, pero eso es una concepción muy
ligada a la modernidad liberal, es decir reduce a los seres humanos a una
adición de individuos. Puede ser un paso adelante frente a construcciones
reactivas, pero puede ser también muy funcional para la reproducción del sistema
capitalista.
La otra concepción
es ver la sociedad no solamente como un conjunto de individuos, lo que es
también, y los derechos individuales que son importantes, sino también como un
conjunto de grupos sociales. Y en países como América Latina, donde hay pueblos
originarios, también identificar los derechos de esos pueblos originarios, aún
si son minoría. Bolivia es un caso aparte, en todos los otros países son
minorías más o menos importantes. Este es un problema de concepción de la
sociedad y se debe discutir para ver que el uno no excluye al otro, porque si
no se va a dar una pelea dura, inútil. Pero eso también tiene sus consecuencias
concretas para la Constituyente.
Noticia
original: http://alainet.org/active/22188